HOMILIA DEL 1ro de Julio del 2010

Estamos Aquí, en este santuario de la rue du Bac, lugar de las apariciones (que todos conocen) de la Virgen María a Santa Catalina Laboure. De cierta manera nos encontramos en la casa de María. Pero no en aquella de Nazaret, sino en la casa del cielo, un cielo simbolizado por el mosaico azul que ustedes tienen delante de sus ojos.

A este lugar vienen personas de diferentes pueblos, lenguas y nacionalidades, como la Asamblea General de la Congregación de la Misión, de la Pequeña Compañía, como solía llamarla San Vicente de Paúl, de quien ustedes pueden observar su corazón en un relicario a la derecha del coro.

Aquí fue revelada la Medalla Milagrosa, que le ha dado la vuelta al mundo, impresionando muchos corazones y despertando la inteligencia de la Fe. Esta inteligencia y esos corazones se expresan todos los días en este lugar, como lo estamos haciendo nosotros ahora.

Hemos venido, pues, a este lugar para honrar Nuestra Madre, Nuestra Santa Madre. Deseamos con humildad ser tocados por su propio corazón que se encuentra justo al lado del corazón de su Hijo, para hacernos decir como reza el lema de las Hijas de la Caridad: « el amor de Jesús crucificado nos urge ».

Todo aquello nos envía al Cristo Resucitado, el Crucificado, simbolizado por esa cruz desnuda al reverso de la Medalla. Cerca de esta cruz, a sus pies, se encuentra María, la madre de Jesús, esta Madre que nos fue concedida por medio de san Juan, como el último signo del cuarto evangelio, donde el primero fue durante unas bodas en Caná, texto que acabamos de proclamar.

De esta manera el Cristo Evangelizador los pobres, puede transformar el gusto insípido de la vida, en una tinaja de alegría que guarda el vino de la fiesta. Casi obligado por su Madre, el comienza diciéndonos : llenen hasta el borde, vean, prueben. Es la Bondad del Señor. Él nos invita, contando con los medios que tenemos, a hacer lo mismo en este mundo contemporáneo, a pesar de la corona amarga de espinas de estos últimos días y que desafortunadamente ha llegado a la Iglesia.

En este mes de Julio, vamos a celebrar los 180 años de la primera aparición de María a Santa Catalina. Teniendo en cuenta nuestros cambios en el calendario litúrgico, no olvidemos que esta aparición tuvo lugar en la noche del 19 de julio de 1830, día de la fiesta litúrgica del santo de la Caridad. Vicente siempre estuvo atento a Catalina y la guió, por medio de la manifestación de su corazón y revelándole que la hora de recibir la misión del cielo se aproximaba.

De esta manera la joven novicia, fue llamada a la capilla para ver la Inmaculada, para conversar con ella dos horas y para escuchar que San Vicente de Paúl obtuvo por medio de su oración celeste que sus hijas espirituales en la tierra tendrían el cargo de reanimar la fe y la confiance por medio de la Medalla Milagrosa. Es lo que ocurrió tres meses después, el 27 de noviembre a las 5h30 de la tarde : La confidente de la Inmaculada recibirá en depósito esta Medalla y la misión de darla a conocer en el mundo entero que como verdadera hija del Señor Vicente, la joven hermana aceptaría. Su paciencia y su fidelidad serán el soporte contra todas las resistencias y obstáculos.

Silenciosamente la hermana Laboure, seguirá a lo largo de toda su vida el ideal de su padre espiritual dentro de la humildad y el servicio de los pobres.

Y durante los casi cincuenta años de vida de sor Catalina, la medalla le dará la vuelta al mundo. Los prodigios se multiplicaron permitiendo al designio de Dios y a la oración de san Vicente de llegar a cumplimiento. Que todos los devotos de la Medalla Milagrosa, – y nosotros lo somos, no es cierto? – sepan que nosotros debemos este don del cielo a la intercesión y al amor del señor Vicente ! Que por medio de la pequeña medalla, el apóstol de la caridad y servidor de Nuestra Señora, continúe en nosotros su incansable tarea de evangelización y asistencia valiosa a los mas pobres.

Sí, los santos están siempre activos en el cielo. Cerca de Dios, tal como ocurre con María, ellos continúan un misión que tienen que cumplir sobre la tierra. De esta manera con Vicente de Paúl, Luisa de Marillac y Catalina Labour, presentes en esta capilla, nosotros debemos trabajar con ellos, inspirándonos de sus vidas y obras, como decía san Vicente a la joven Catalina, apareciéndose bajo los rasgos de un anciano: “Dios tiene un designio para usted”