Cronica 4 – 01/07/2010

Día 4º

1 de julio de 2010

Si este cronista quisiera resumir en dos palabras la jornada asamblearia de este primer día de un mes de julio tórrido y asfixiante, sin duda lo tendría muy fácil: “economía y pobres”. Dos palabras que se distancian y se acercan, que se contradicen y se necesitan. Pero no piense usted, perplejo lector, que me he equivocado de lugar. No estoy en una reunión del G-8, del G-20 o de Wall Street.. Sigo estando en una Asamblea General de unos misioneros que tienen muy clara su condición de evangelizadores de los pobres. Por eso, entenderá usted perfectamente la relación entre la economía y los pobres. Estas dos palabras hacen referencia a los dos bloques temáticos que han llenado casi por completo el trabajo de hoy.

No sé si por casualidad, esta jornada ha tenido también un prólogo significativo. Porque, a las ocho de la mañana, los asambleístas han comenzado el día celebrando la Eucaristía en un lugar donde los pobres son acogidos, queridos, escuchados y atendidos. Me refiero a la Capilla de las Apariciones, en la Rue du Bac. Todo un símbolo y un recordatorio para los misioneros de los pobres.

“SIN RECURSOS NO HAY MISIÓN” 

Éste ha sido el mensaje central que el P. John W. Gouldrick, Ecónomo General, ha querido dar a los asambleístas. Hoy le tocaba a él exponer su informe sobre economía. Y lo ha hecho con competencia, con sabiduría y con muchas pinceladas de humor. El cronista admite que es un perfecto lego en esto de la economía y que los términos técnicos de la ciencia económica le suenan a sánscrito.

Pero me he fijado en una idea que ha vertebrado el discurso del P. Gouldrick: la economía debe estar al servicio de la evangelización de los pobres. Y, constantemente, he recordado a San Vicente de Paúl y su realismo en esta materia para un mejor y más eficaz servicio a los pobres. Entenderá ahora el lector el por qué de la unión de esas dos palabras, “economía y pobres”, a las que he hecho referencia al principio. Entenderá también la razón principal de un informe económico en una Asamblea de la Congregación de la Misión.

EL CLAMOR AGUDO DE LOS POBRES 

Hace muchos años, allá por las calendas de 1979, la reunión del CELAM, en Puebla (México), urgía a los cristianos a “abrir los oídos para escuchar el clamor agudo de los pobres”. Hoy, en esta Asamblea, se ha vuelto a recordar esta urgencia ineludible. Y se ha hecho de dos formas: con la imagen y con la palabra.

A primera hora de la tarde, se apagaba la luz en el salón de plenos y surgía, en la gran pantalla, la historia de Marilén. La historia de una mujer destrozada por la vida y machacada por una sociedad insolidaria. La historia de tantas y tantas víctimas de una sociedad sin corazón. Un documental italiano breve pero impactante. Unas imágenes con calidad cinematográfica, pero, sobre todo, con calidad humana y vicenciana. Un aldabonazo para abrir los ojos y los oídos.

Y si es cierto que una imagen vale más que mil palabras, no es menos cierto que también se necesitan las palabras. Y aquí entró el punto fuerte de la tarde: la intervención de un invitado especial llamado

Andrea Riccardi, fundador y animador de la Comunidad de Sant’Egidio. Una Comunidad nacida en Roma en 1968, extendida por más de 70 países y formada por unos 50.000 miembros. Andrea Riccardi, con gran talante profético y encendida vehemencia, fue desgranando sus más profundas convicciones ante un auditorio atento. Se refirió al miedo imperante, al deseo compulsivo de seguridad y de bienestar, al mercado global en que se ha convertido el mundo, a la violencia, a la guerra, al diálogo, a la paz, a la globalización de la solidaridad, a la reconstrucción del tejido humano, a la falta de comunicación, a la soledad, al amor, a las comunidades pacificadoras, a la oración, a la escucha de la Palabra, a la capacidad de visión…

Y, sobre todo, estableció un principio fundamental: hay que partir de los pobres, de la solidaridad con los pobres; no hay que partir de nuestros problemas o de los problemas de nuestras comunidades, sino del problema de los pobres. Y sólo si partimos de los pobres, seremos capaces de resolver nuestros problemas. Por eso, tiene que haber dos pilares: la oración y los pobres.

En definitiva, una intervención interpelante y muy apropiada para una Asamblea que quiere encontrar caminos nuevos para una fidelidad creativa. El diálogo de los asambleístas con Andrea Riccardi confirmó la viveza, la fuerza y las intuiciones de su conferencia. Algún asambleísta me comentaba que Andrea Riccardi le había recordado a Federico Ozanam.

ANOTACIONES FINALES 

Para ser justos y exactos, este cronista no se olvida del P. Alberto Vernaschi, siempre con su claridad y pedagogía de buen canonista, que abrió la mañana presentando el capítulo octavo del Directorio en lo referente al procedimiento para la votación de los Estatutos.

Y así transcurrió este día cuarto de la Asamblea General de la Congregación de la Misión, siendo moderador el P. Dennis H. Holtschneider y reinando un clima tan caluroso en la atmósfera como en los asambleístas.

CELESTINO FERNÁNDEZ