Cronica 2 – 29/06/2010

Día 2º

29 de junio de 2010

Escribo esta crónica a la “hora de las brujas”. La Casa Madre de San Lázaro está en absoluto silencio. De vez en cuando, se oye el chirriar de una puerta. El calor sigue siendo agobiante. Los asambleístas duermen el sueño beatífico de los justos. Muchos de ellos han vibrado, gritado y cantado viendo el partido de fútbol del Mundial de Sudáfrica entre España y Portugal, porque también de fútbol vive el asambleísta, y no sólo de estatutos, mociones y votaciones.

Se ha terminado la segunda jornada de esta Asamblea General. Ha sido un día tranquilo, plácido, sin atascos reseñables en la maquinaria asamblearia. Da la impresión de que la Asamblea está calentando motores para caminar con un ritmo bastante ágil. Es
lo que suele ocurrir en el segundo día de todas las Asambleas. Las vacilaciones y dudas del primer día dejan paso a la normalidad.

Por otra parte, el ambiente de la Asamblea, desde el inicio, es cordial, fraterno y entrañable. Las diversas lenguas y culturas no son obstáculo para la convivencia. Algún asambleísta, novato en estos acontecimientos, me decía que el clima de la Asamblea no tenía nada que ver con un antipático Babel, sino con un gozoso Pentecostés. Por lo demás, ha sido un día de “Superiores Generales”. El lector, si sigue leyendo, se dará cuenta del por qué.

“GRACIAS POR TODO LO QUE RECIBIMOS DE LA CONGREGACIÓN” 

Esta ha sido una de las frases que los asambleístas han escuchado al principio del trabajo mañanero. Y su autora ha sido Sor Evelyne Franc, Superiora General de las Hijas de la Caridad. Con la sencillez que la caracteriza, Sor Evelyne -presentada por el P. Javier Álvarez, Director General de las Hijas de la Caridad- se dirigió a todos los asambleístas. Y lo que parecía que iba a ser un mero saludo protocolario, se convirtió en una reflexión vicenciana, profunda y actual.

Sor Evelyne evocó el amplio y terrible mundo de la pobreza, la sociedad insolidaria, la urgente evangelización integral de los pobres, el don del sacerdocio, el acompañamiento de las Hijas de la Caridad por parte de la Congregación de la Misión, el servicio compartido entre ambas Compañías, la unión indisoluble entre la caridad y la misión, la necesidad de ser testigos del buen Dios, la lucha por la familia, el dejarse transformar por el Espíritu… Ciertamente, han sido unas palabras llenas de realismo y dentro del marco de fidelidad creativa que se propone esta Asamblea General.

“SER PROFETAS DEL AMOR DE DIOS EN TODO EL MUNDO”

Y esta ha sido una de las frases del Superior General, P. Gregory G. Gay que ha resonado con fuerza en la sala de plenos. Porque toda la tarde de este segundo día ha estado dedicada al informe del Superior General. En todas las Asambleas Generales el informe del Superior General constituye un punto preceptivo y sumamente importante. El P. Gregory G. Gay ha repasado públicamente su andadura y la de la Congregación en estos seis años.

Ha sido un informe completo y concreto. No se ha andado con teorías o consideraciones de alto y abstracto coturno. Ha dividido su informe en siete grandes capítulos: Visitas y eventos especiales; nuevas iniciativas; formación continua; misiones internacionales; Familia vicenciana; recomendaciones para el futuro; y conclusiones. No ha abusado de algo tan tópico como son los soportes tecnológicos. Solamente ha proyectado en la pantalla un índice pedagógico y unas cuantas imágenes ilustrativas después de cada capítulo. La sobriedad tecnológica es algo que siempre agradecen losoyentes.

Por cada capítulo han ido pasando algunas realidades como los 73 países visitados, la constatación de la viveza del carisma vicenciano y del servicio a los pobres, la colaboración entre la Congregación de la Misión, las Hijas de la Caridad y las diversas ramas del árbol vicenciano, el empeño por infundir el sentido misionero a toda la Congregación, la creación de una Comisión para promover el cambio sistémico como una nueva “imaginación de la caridad”, los talleres para cohermanos en dificultad, el SIEV, el sentido internacional de la Congregación, la formación continua para nuevos Visitadores, los talleres para Ecónomos provinciales, la formación continua de los Hermanos, el programa del CIF, las misiones internacionales, las Asambleas Generales de todas las ramas de la Familia vicenciana, diversas celebraciones con motivo del 350 aniversario de la muerte de San Vicente de Paúl y de Santa Luisa de Marillac…

Y, por supuesto, también han desfilado algunas recomendaciones “hacia dentro” y “hacia fuera”, como la reestructuración de la Curia y de Consejo General, el aumento de Asistentes Generales con su misión específica, la representación geográfica de los Consejeros Generales, la reconfiguración de Provincias para una mejor evangelización de los pobres, la solidaridad entre Provincias… Para concluir con cuatro urgencias: necesidad de la oración, necesidad de vida comunitaria, bienes en común y creatividad en la evangelización.

Respire un momento el lector, vuelva a leer la lista anterior -es sólo un resumen muy apretado-, intente meditarla y saque las consecuencias pertinentes. Le aseguro que tendrá meditación y reflexión para una larga temporada.

FELICITACIONES Y VOTACIONES 

Y en medio de estas grandes intervenciones también han existido, al menos, dos momentos importantes. Uno breve y emotivo: la felicitación a varios asambleístas y ayudadores -entre ellos el que esto escribe- por sus aniversarios de vocación, de ordenación sacerdotal y de santos pratronos Pedro y Pablo; y otro importante y decisivo: la votación del dichoso Directorio de la Asamblea (excepto la cuestión concerniente a los Estatutos), que obtuvo mayoritariamente la luz verde.

Continúa el silencio nocturno en la Casa Madre. El cronista termina de hilvanar estas líneas como mejor sabe y puede. Y mañana será otro día.

CELESTINO FERNÁNDEZ