Cronica 1 – 28/06/2010

Día 1º

28 de junio de 2010

Corría el año 1642 y entre el 13 y el 23 de octubre se celebraba en París la primera Asamblea General de la naciente Congregación de la Misión. En el viejo San Lázaro se reunían catorce misioneros: Vicente de Paúl y los superiores de las Casas, entre ellos, Antoine Portail, François du Coudray y Jean Dehorgny.

Más de tres siglos y medio después, en el año de gracia de 2010, en el 350 aniversario de la muerte de San Vicente de Paúl y de Santa Luisa de Marillac, siendo el
vigésimo tercer sucesor de San Vicente el P. Gregory G. Gay, se celebra en París la XLI Asamblea General de la misma Congregación. En el actual San Lázaro, se reúnen 117 misioneros: 45 Visitadores, 4 Vicevisitadores, 60 Delegados y un Hermano.

Así resumiría un historiador el primero y el hasta ahora último eslabón de la cadena asamblearia de la Congregación de la Misión. En cualquier caso, este cronista da fe de que ha comenzado la XLI Asamblea General, con un lema tan ilusionante como interpelante: “Fidelidad creativa a la misión”. Este es el telón de fondo que, durante veinte días, van a tener a la vista los representantes de los cuatro puntos cardinales donde está implantada la Congregación de la Misión: escrutar nuevos caminos, nuevas expresiones, nuevos métodos para ser fieles a las raíces y a los signos de los tiempos.

Entre abrazos, saludos y demás efusiones fraternas, los participantes en esta Asamblea General han ido aterrizando en el corazón mismo de París. La ciudad los ha recibido con un calor húmedo, pegajoso, agobiante y casi tropical. La Asamblea ha empezado a caminar. Esperemos que el paso sea ligero, armónico y esperanzador.

CUATRO INTERROGANTES PARA EMPEZAR

A las nueve en punto de la mañana, en la capilla de San Vicente de Paúl, la celebración de la Eucaristía ponía el marco adecuado para comenzar esta Asamblea General. Una celebración sencilla, sobria, sin adornos extralitúrgicos ni solemnidades huecas. Presidía la Eucaristía, en inglés, el P. Superior General, Gregory G. Gay, y pronunciaba una homilía directa y sin concesiones a los tópicos protocolarios. Destaco cuatro interrogantes que el P. General subrayaba con énfasis: “Como Congregación ¿dónde estamos? ¿Nos movilizamos hacia las víctimas de la opresión, la guerra y la violencia para venir en su ayuda o nos encontramos entre los que victiman? ¿Hemos llegado a atrincherarnos en nuestras experiencias apostólicas, en nuestra misión, haciendo las mismas cosas de siempre? ¿Ha perdido la sal su sabor?”.

“DECLARO ABIERTA LA XLI ASAMBLEA GENERAL”

Con esta sencilla fórmula, el P. General ponía en marcha esta magna reunión. Y completaba esta puesta en marcha con dos cartas importantes. Una, del Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, donde, además de transmitir a todos los asambleístas la bendición apostólica del Papa Benedicto XVI, recuerda que la Congregación de la Misión siga siendo fiel a la evangelización de los pobres, a la misión de formar sacerdotes y a la misión “ad gentes”; y otra, del P. Richard Mc Cullen expresando su deseo de que esta Asamblea ayude a profundizar la fidelidad al carisma. La Asamblea se celebra en el magnífico salón de plenos de la Casa Madre de las Hijas de la Caridad. Es un salón amplio, hermoso y muy bien equipado con todo lo necesario, desde la pantalla gigante donde se va proyectando todo lo que ocurre en la sala, pasando por las cabinas de los traductores y el sistema electrónico de votación. Esta Asamblea General es la tercera a la que asiste este cronista. Y, sin pretenderlo, su mente ha viajado al día primero de las dos Asambleas anteriores a las
que asistió, la de 1986 y la de 2004. Le digo esto, amable lector, porque siempre ocurre lo mismo: el primer día de una Asamblea General es el peor para que se luzca el cronista. Y es que esta primera jornada ha transcurrido entre avisos, recordatorios, comprobación de los asistentes, elección de los escrutadores, elección del secretario de la Asamblea y del asistente del secretario, presentación a cargo de los Padres Turatti y Macías del itinerario seguido por la Comisión preparatoria de esta Asamblea General, más avisos, más aclaraciones… O sea, lo lógico y normal para que empiece a andar una Asamblea General. Algún asambleísta comentaba por los pasillos: ¿no estará ya agotado este método asambleario? ¿no habría que discurrir otro método, otro estilo para una Asamblea que pretende ser más pastoral que jurídica, más de diálogo de experiencias que de formulaciones estatutarias, aunque también contenga algunos aspectos jurídicos? Pero los más avezados en estas lides dicen que es inevitable este método, que es difícil encontrar otro. El cronista observa, toma nota y apela a aquello de que “Doctores tiene la santa madre Iglesia…”.

EL HUMOR Y LOS ARTILUGIOS

En medio de la pesadez, siempre hay un espacio para el humor. Y esta vez ha sido por obra y gracia de la tecnología. Resulta que, antes de votar, hay que comprobar los artilugios para votar. Y en esta probatura los asambleístas han empleado un tiempo bastante considerable, hasta que, por fin, han acertado a darle al botón correcto. Unos echaban la culpa a los artilugios, otros a los que manejaban los artilugios, y algunos a cualquier fantasma que pasaba por allí. Todo ello, con buen humor, risas y aplausos.

PRIMERA PIEDRA DE TOQUE: EL DIRECTORIO

Si hay que destacar un protagonista en este primer día, éste se llama “Directorio para la Asamblea General 2010”. La Comisión preparatoria ha elaborado un nuevo Directorio para sustituir al de la Asamblea anterior, el P. Fernando Macías lo ha presentado, los asambleístas le han puesto enmiendas, y se ha comenzado a votar. Y lo que parecía que iba a resultar rápido y fácil, se ha convertido en la primera dificultad. Y en esta tarea estaba la Asamblea cuando ha llegado el final de la jornada, siendo secretario electo el P. Corpus Delgado, asistente del secretario el P. Rolando Santos, y ocupando el sitio de moderador provisional el P. Javier Álvarez.

CELESTINO FERNÁNDEZ