Cronica 15

15 y 16 de julio de 2010 (Final de la Asamblea)

Pues sepa, paciente y comprensivo lector, que la XLI Asamblea General de la Congregación de la Misión ha terminado hoy, 16 de julio del año de gracia de 2010, a las 11, 20 horas oficialmente y a las 13, 15 horas litúrgicamente. Si usted mira el calendario, tome nota, por si fuera necesario, de que esta Asamblea General finaliza bajo los dadivosos y sobrenaturales auspicios de Nuestra Señora del Monte Carmelo y de otros renombrados santos como Vitaliano, Sisenando, Fausto, Rainelda, Abundancia, Edit y Justiniano. Y no se olvide de que ésta es la última crónica, que suma el número quince desde que empezó esta magna reunión.

La Asamblea ha terminado como empezó: con un ambiente de fraternidad, de cordialidad y de verdadera convivencia. Este cronista, que no anda nada sobrado en el don de lenguas, puede asegurar que ni el idioma, ni la cultura, ni la idiosincrasia, ni la ideología son obstáculos para la buena relación, el entendimiento y la unión. Es la prueba de que la Congregación es universal, ecuménica y familiar. Y es también el reflejo de que veinte días de convivencia fraterna hacen que nos demos cuenta de que es más lo que nos une que lo que nos separa, y que el idioma del corazón es más entrañable y auténtico que el lenguaje gramatical.

Mientras escribo, muchos asambleístas y colaboradores andan atareados en poner en orden sus maletas y en despedirse entre abrazos e intercambios de teléfonos y correos electrónicos. La Casa Madre de San Lázaro se queda un poco vacía y nostálgica. Y la ciudad de París también tiene un cierto tono de tristeza, a tenor de su cielo nublado.

UN CAMINO DE FIDELIDAD CREATIVA
Hacia la mitad de la Asamblea, muchos asambleístas se preguntaban si habría un Documento final, un mensaje o algo parecido, que plasmase de alguna forma lo hecho y dicho durante estos días. Primero, se habló de que sería suficiente con la síntesis hecha por la correspondiente Comisión, después empezó a rumorearse la posibilidad de un escrito oficial con carácter de Documento. Y en ésas estábamos, cuando en la mañana del pasado día 15 surgió lo esperado. El secretario de la Asamblea, el P. Corpus Delgado -trabajador incansable hasta la extenuación- presentó a los asambleístas un escrito de cuatro folios, gestado por la Comisión Central. Era la respuesta a esa inquietud asamblearia.

Se trata de un una especie de Documento sencillo y bien estructurado, que pretende ser cayado y brújula para el camino congregacional durante estos seis años venideros. No es ni un texto normativo ni un vademécum formativo. Es una propuesta para el camino. Recoge lo principal del llamado Documento de consulta previo, y lo que se ha ido proponiendo en esta Asamblea General.

Su contenido tiene tres apartados: los dos primeros como una reflexión de las vivencias y convencimientos de estos últimos seis años. Y el tercero como una especie de líneas de acción, para que la fidelidad creativa a la misión no se quede en los paisajes de la buena voluntad, sino que aterrice en la realidad tocante y sonante.

Como siempre ocurre, a unos asambleístas les pareció bien; a otros, no tan bien. Los de aquí opinaron que la criatura estaba bien, pero mal vestida; los de allá intentaron ponerla un vestido más reluciente y actual; los de acullá se contentaron con un pequeño maquillaje… Unos querían bautizar a la criatura; otros no sabían qué nombre ponerla; y no faltaron quienes eran indiferentes al nombre y a la misma criatura.
Por fin, en la breve y última sesión de la Asamblea, la de hoy mismo, la criatura documental fue presentada en sociedad, arreglada, bien vestida y lista para salir a la vida congregacional. No sé si por convencimiento o por las prisas de la inminente clausura asamblearia, la criatura fue aceptada y aplaudida. Y pudo presumir de tener un nombre sonoro: “Fidelidad creativa a la misión”.

LOS FECUNDOS SUDORES DE UNA COMISIÓN
Me refiero a la llamada Comisión de Síntesis. Y me refiero a sus tres componentes con cariño. Porque hoy han cosechado un pequeño triunfo y un reconocimiento a sus sudores. Han estado, durante toda la Asamblea, con preocupación y agobio intentando encontrar el camino adecuado para su trabajo. Han buscado, tanteado y discurrido para dar con la clave de algo nuevo y difícil. Y, por fin, parece que la Asamblea ha reconocido positivamente su esfuerzo. Al menos, el aplauso recibido, después de leer en la sala su escrito, así lo ha confirmado.

“OFICIALMENTE, DECLARO CLAUSURADA ESTA ASAMBLEA”
Con estas palabras y siguiendo el ritual establecido, el Superior General clausuraba la XLI Asamblea General de la Congregación de la Misión. Antes había pronunciado una breve alocución compuesta de agradecimientos. Como él mismo dijo, tal vez, sin querer, se podría quedar algún agradecimiento en el olvido. Pero este cronista atestigua que no hubo ningún olvido. Agradecimiento a Dios y a todos los que, de alguna forma han hecho posible esta Asamblea. Usted mismo, perseverante lector, puede hacer la larga lista, porque cuando el Superior General dijo “todos”, ciertamente citó a todos, hasta a los mismos asambleístas por su asistencia y participación.

Hay que subrayar el agradecimiento al anterior Vicario General, P. Józef Kapusciak, y a los anteriores Asistentes Generales, Padres José María Nieto, José Antonio Ubillús y Gerard Du Tran Cong. El abrazo del Superior General a cada uno de ellos y el aplauso larguísimo de la sala fueron la mejor prueba de gratitud.

CODA FINAL
Este cronista termina aquí su modesta labor. Estas crónicas nacieron con vocación de servicio y así quieren concluir. Evidentemente, no tienen ni han pretendido tener rango de oficialidad. Ese honor pertenece a las Actas. El cronista se ha movido muy a gusto por los vericuetos asamblearios y ha constatado, en vivo y en directo, la cercanía y el afecto de todos los asambleístas. Y no quiere terminar estas líneas sin enviarle a usted, querido lector, el más entrañable agradecimiento. Porque sin usted, sin el lector, no existirían estas crónicas. Salud y hasta siempre.

CELESTINO FERNÁNDEZ