Cronica 14 – 14/07/2010

Día 14º

14 de julio de 2010 

Cuando comienzo a teclear esta crónica, se escucha desde mi habitación el estruendo largo y acompasado de los fuegos artificiales al lado de la Torre Eiffel. Toda Francia está de fiesta nacional, y en París se ha notado mucho más, desde la mañana, con el famoso y tradicional desfile militar por los Campos Elíseos. La toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1789, y el eco de tres palabras mágicas -libertad, igualdad y fraternidad- han quedado grabadas para siempre en el corazón de Francia. Tal vez, el cielo totalmente nublado y la tromba recalcitrante de agua caída sobre París, hayan restado vistosidad a los festejos.

Pero también los asambleístas han celebrado fiesta. Aunque una fiesta doméstica y peculiar: la de la Familia Vicenciana, como anunciaba el orden del día. Porque ya viene siendo costumbre y tradición, en las últimas Asambleas Generales, la presencia de los representantes de algunas ramas de este más que tricentenario árbol vicenciano. Y esta fiesta ha tenido de todo, como en las mejores familias. Tiempo de trabajo, tiempo de celebración, tiempo de comida y de comensalidad. Por eso, la jornada de hoy bien podría titularse: un día de familia.

TIEMPO DE TRABAJO 
Ha sido la primera parte de esta fiesta familiar. Una parte que ha ocupado prácticamente toda la mañana. Allí, en la mesa presidencial, se han reunido tres personas: el P. Manuel Ginete, Delegado General para la Familia Vicenciana, Yasmine Cajuste, Presidenta Internacional de JMV, y Mark McGreevy, Director ejecutivo del grupo Depaul International. La cuarta persona, Eduardo Marques Almeida, representante de la Sociedad de San Vicente de Paúl, estaba en Haití y también en la sala. Pero no se asuste, sorprendido lector, no hay ningún milagro de bilocación. Se trata, sencillamente, de que esta cuarta persona habló a los asambleístas desde un video grabado para la ocasión.

Los cuatro han hablado de su experiencia vicenciana, de las tareas y actividades de su Asociación, de los compromisos y objetivos presentes y futuros, de sus sueños y esperanzas, de la unión con todas las ramas de la Familia Vicenciana, del papel que tiene la Congregación de la Misión en el acompañamiento y formación del laicado vicenciano, de la creatividad en la misión, de la opción radical por los pobres, de la atención especial a la pastoral juvenil, de lo que aportan y pueden aportar a la Congregación de la Misión, de la actualidad y significatividad de la espiritualidad vicenciana, del liderazgo, de lo que se lleva acabo y de cómo se podría hacer mucho más por los pobres y empobrecidos, del carácter global del carisma vicenciano, de la vivencia del carisma vicenciano en el servicio a los pobres… Todo ello se podría resumir en una frase del P. Manuel Ginete: “Lo importante, para San Vicente, no estaba en quién hacía la obra, sino en que los pobres fueran atendidos”.

Tampoco han faltado los consejos y recomendaciones para la Congregación en general. Unos consejos dados con respeto y cariño, como se dan en todas las familias que se llevan bien, pero que podrían llevarse mucho mejor.

TIEMPO DE CELEBRACIÓN 
Ha sido la segunda parte de esta fiesta. Y se ha llevado a cabo en la capilla de San Vicente de Paúl, en la Casa Madre de San Lázaro. Allí, a las cinco de la tarde, los asambleístas, los ayudadores, la Superiora General de las Hijas de la Caridad y su Consejo, varias Hijas de la Caridad y un buen ramillete representativo de algunas Asociaciones vicencianas, se han juntado para celebrar la unión y la fraternidad en la celebración por excelencia que es la Eucaristía. Con sencillez y como mandan los cánones litúrgicos, presidió la Eucaristía el Visitador de Toulouse, el P.Jean-Yves Leboeuf y se creó un ambiente de verdadera familia.

No faltó la sorpresa, al final de la celebración: la lectura de una carta del Papa Benedicto XVI dirigida al Superior General de la Congregación de la Misión y a la Superiora General de las Hijas de la Caridad. Una carta llena de ánimo para seguir trabajando por la evangelización y el servicio de los pobres. Una carta donde, a propósito del 350 aniversario de la muerte de San Vicente de Paúl y de Santa Luisa de Marillac, el Papa resalta la entrega y la creatividad de los Fundadores como signo creíble para los hombres y las mujeres de hoy.

TIEMPO DE COMENSALIDAD 
Y la fiesta de la Familia Vicenciana ha terminado como se acostumbra en las familias bien avenidas. Algunos lo llamarán cena o comida; este cronista escoge otro nombre: comensalidad. Porque no se trataba solamente de comer, sino de encontrarse, de dialogar, de pasar un buen momento. Este cronista se acordó de aquello que San Vicente de Paúl dice en el capítulo VIII de las Reglas Comunes de la Congregación de la Misión: “A la manera de amigos que se quieren bien”.

En definitiva, este 14 de julio ha sido un día distinto en la XLI Asamblea General de la Congregación. Los asambleístas ya otean el horizonte final. Pero todavía quedan dos jornadas, y todavía queda bastante materia de trabajo. Las prisas no son buenas consejeras. Por eso, los entendidos en el arte del peregrinaje suelen decir que hay que caminar sin prisa pero sin pausa.

CELESTINO FERNÁNDEZ