Cronica 13 – 13/07/2010

Día 13º

13 de julio de 2010 

Bueno, pues resulta que hoy es martes y trece. Y en algunas culturas -en otras, es el viernes y trece-, este guarismo es señal de mala suerte o de peligro inminente de que algo no va a ir bien. Evidentemente, usted me dirá, irónico lector, que eso es una leyenda irrisoria y sin fundamento o una superstición propia de personas incultas. Pero, a veces, funciona. Y la prueba está en la jornada asamblearia de este martes. Da la impresión de que una legión de hadas enredadoras se colaron, a media mañana, por las rendijas de la sala.

Quiero decir con esto que tenía que llegar el día temido, y llegó. En toda Asamblea suele haber un día gris, aburrido, lleno de repeticiones, con poca brillantez, con la sensación de que el tren se atasca y es incapaz de avanzar unos cuantos kilómetros con ritmo normal. Me decía un asambleísta que la casi totalidad de la jornada de hoy se puede comparar a un caminante tratando de luchar denodadamente contra la niebla de las palabras y el viento de las dubitaciones. Tal vez, esto les resulte exagerado a los veteranos en estas lides, pero los más novatos suelen sorprenderse mucho con sesiones como la de hoy.

Y usted me preguntará cuál ha sido la razón. Yo sólo le adelanto que hay una palabra que siempre asusta en todas las Asambleas. Ya salió en la crónica anterior y ha vuelto a salir en la sesión de hoy: los Estatutos. No es que este cronista tenga manía a ese bendito vocablo, pero casi siempre suele ser piedra de tropiezo en las Asambleas.

DE LA FICCIÓN A LA REALIDAD 
Sin embargo, la mañana comenzó bien. Y el trabajo sorprendió gratamente a los asambleístas. Se trataba de recordar y revivir todos los videos que, a lo largo de las jornadas asamblearias, han sido proyectados en la pantalla grande. Videos que genéricamente se titulan: “El grito de los pobres”. Videos que han ido describiendo, con crudeza y realismo, el mundo terrible y olvidado de los que son arrojados a los márgenes de la historia. Videos que han intentado enseñar, sin espiritualismos desencarnados, el oscuro reverso de la vida.

Para que se haga una idea, le recuerdo al lector algunos temas de estos videos: mujer pisoteada, prostitución, inmigración, alcoholismo, leprosos, habitantes de la calle, drogadictos, víctimas de la guerra, enfermos pobres y sin recursos sociales, enfermos de Sida, jóvenes de familias desestructuradas, indigentes…

Si algún asambleísta pensaba que estos retratos de la pobreza y de la marginación servían solamente para empezar distendidamente las sesiones y para ver un poco de cine doméstico, hoy habrá descubierto su verdadero objetivo: escuchar con el corazón el incesante grito de los pobres, meterlo dentro de sus entrañas y dejarse zarandear por él. Tarea nada fácil en estos tiempos.

Y así, los asambleístas se han reunido por grupos, han comentado el impacto que les han producido esas imágenes, han pasado de la ficción a la realidad de “nuestros amos y señores”, y han sacado algunas conclusiones personales y congregacionales. Un trabajo sencillo que han ido exponiendo en la sala. Sería demasiado prolijo transcribir lo que los grupos han ido manifestando. Han sido frases breves, pero sinceras: desde una llamada a la sensibilidad hasta una urgencia de cercanía a los pobres; desde una mirada de fe hasta una evangelización integral; desde un interrogante sobre nuestro modo de vida hasta un desafío a ser verdaderamente comprometidos en la transformación de este mundo; desde una creatividad liberadora hasta “correr a ayudar a los pobres como se corre para apagar el fuego”.

OTRA VEZ LOS ESTATUTOS 
Ya anuncié, en la crónica anterior, que hoy volverían los Estatutos. Y si el lunes ocuparon casi toda la jornada, este martes también han vuelto a tomar posesión de la mayor parte del día. No crea usted, malpensado lector, que los asambleístas quieren sufrir una especie de tormento asambleario. Se trata, sencillamente, de que esta XLI Asamblea General tiene el encargo ineludible de revisar los Estatutos, y primero es la obligación que la devoción. Y ante la obligación, no queda otro remedio.

Si usted quiere saber cómo transcurrió la media sesión matutina y toda la sesión vespertina, no tiene nada más que releer la crónica anterior. En la jornada de hoy, se continuó presentando, estudiando, discutiendo, aclarando y votando una serie de Estatutos. Conservó su gran paciencia el Presidente de la Comisión, P. Alberto Vernaschi, y moderó con maestría y saber estar el P. Dennis H. Holtschneider.

Pero ha habido una diferencia: la Asamblea se ha atascado, sobre todo, en un Estatuto, y ahí ha estado la clave del citado “martes y trece”. Ha sido un Estatuto completamente nuevo: el referente a las Conferencias de Visitadores. Sólo le diré, querido lector, que este Estatuto, que contiene tres párrafos, ha estado paseándose por la sala durante casi tres interminables horas. Ahora se dará usted cuenta del cansancio, la perplejidad, las dudas, los sofocos y demás afecciones físicas y anímicas de los asambleístas. Entre los que querían que las Conferencias de Visitadores formasen parte del cuerpo legislativo de la Congregación, entre los que no querían, entre los que no sabían si querían o no querían, entre los que querían otro nombre para esta criatura todavía en proceso de crecimiento, entre los que se apuntaban al nombre actual, entre los que ponían un modo, entre los que entregaban una nueva redacción, entre los que añadían una expresión, entre los que dudaban de una palabra… Total, que el Estatuto se encontraba tan contento en la sala, a pesar del descontento de los asambleístas.

Termino esta crónica advirtiendo al lector que todavía queda pendiente algún que otro Estatuto. Esperemos que la cansina sesión de hoy haya sido solamente el día especial y accidentado que toda Asamblea tiene que pasar necesariamente. Y como las cosas hay que verlas positivamente, es bueno pensar que estos días “especiales” son siempre muy atrayentes para el futuro historiador de las Asambleas Generales de la Congregación de la Misión.

CELESTINO FERNÁNDEZ