Cronica 10 – 09/07/2010

Día 10º

09 de julio de 2010 

“Con humildad, acepto la misión que la Asamblea me ha concedido”. Y los prolongados aplausos de todos los presentes en la sala rubricaron la sincera confesión del hombre que, momentos antes, había obtenido la confianza mayoritaria de la Asamblea. Se llama Javier Álvarez Munguía. Y alrededor de las 10, 45 de la mañana de este día 9 de julio, ha sido elegido como nuevo y flamante Vicario General de la Congregación de la Misión.

Lo mismo que ayer la gran noticia de la Asamblea General era la reelección del Superior General, también la gran noticia de hoy ha sido la elección del Vicario General. Pero no ha sido lo único noticiable, aunque sí lo más noticiable. Los asambleístas, una vez cumplida esta importante tarea, han proseguido su andadura laboral, según el programa previsto. Y en la sesión de hoy han vuelto a mezclarse exposiciones en forma de “mesa redonda”, diálogos, trabajo en grupos, presentaciones, discusiones civilizadas, reflexiones… O sea, todos los ingredientes de esta clase de magnas reuniones.

Y, como siempre, algún asambleísta me decía que esas sesiones eran muy monótonas y repetitivas. Pero, como he dicho más de una vez, es difícil encontrar formatos más ágiles y divertidos para una Asamblea. Los temas que hay que tratar son muchos y variados. Y los asambleístas deben armarse de grandes dosis de paciencia y templanza, virtudes muy recomendadas por los grandes maestros de la vida espiritual y temporal.

A LA TERCERA VA LA VENCIDA

Eso dice el sabio y castizo refranero español. Y así fue en esta ocasión. Porque, al tercer escrutinio, salió el nuevo Vicario General. Si usted, asiduo lector, quisiera narrar para la Historia de la Congregación esta elección, yo le brindo un esquema rápido, telegráfico y propio de una agencia periodística. Podría ser éste:

Estando reunida en París la XLI Asamblea General de la Congregación de la Misión, siendo moderador el P. Dennis H. Holtschneider, después de recordar el número 118 del Directorio, oídas las palabras del Superior General expresando sus criterios acerca del perfil del Vicario General y de los Asistentes Generales, contados los 112 votantes presentes, se procedió a la votación por tres veces consecutivas y salió elegido el P. Javier Álvarez Munguía. El electo aceptó, la sala aplaudió, muchos le dieron una afectuoso abrazo, las consabidas máquinas digitales de hacer fotos aparecieron por todas las latitudes, y los asambleístas sonrieron por el trabajo bien hecho.

Y como colofón hermoso, no estaría nada mal que usted añadiera las breves y sentidas palabras que el nuevo Vicario General pronunció en el momento de su disponible aceptación: “Gracias por la confianza. He pedido al Señor que no llegara este momento. Pero ha llegado. Con humildad, acepto la misión que la Asamblea me ha concedido”.

EL P. JAVIER ÁLVAREZ EN

 Al terminar la sesión electoral, este cronista, buen amigo del P. Javier, le pidió que, con brevedad, le respondiera a dos cuestiones: que me contase algo de su vida, sobre todo para los lectores que no le conocen mucho, y que me expresara sus sentimientos en esta ocasión especial. Y él lo hizo con gusto y de esta manera:

PRIMERA PERSONA

“Procedo de la región castellana del centro de España. Fui ordenado en 1982 por el Papa Juan Pablo II. Uno de los ministerios que he desarrollado con más gusto ha sido la formación de los nuestros, durante los quince primeros años de mi vida ministerial. Las Hijas de la Caridad ha sido el otro ministerio que ha ocupado mi atención, mi dedicación y mi entrega. Primero, como Director de la Provincia de “Santa Luisa” (Madrid) y, más tarde, como Director General. Sufro y me preocupa mucho la situación de pobreza en la que vive tanta gente en el mundo. Me interroga mucho la increencia y la pérdida de valores humanos y cristianos de nuestras sociedades desarrolladas. Desde estos dos supuestos, no se puede discutir la actualidad de nuestro carisma vicenciano”.

“En estos momentos, coexisten dentro de mí dos sentimientos. Por una parte, siento una gran pena por dejar el servicio que he desarrollado hasta ahora, como Director General de las Hijas de la Caridad, en el que me encontraba muy centrado y muy ilusionado. Nunca agradeceré bastante a las Hermanas la buena acogida y el ánimo que siempre me han dispensado. El otro sentimiento es de esperanza. Cuando miro mi nueva misión, me siento igualmente ilusionado y animado. Estoy decidido a dar lo mejor de mí mismo y a entregarme totalmente al trabajo que me ha pedido la Asamblea. Creo que me va a servir mucho la experiencia de la internacionalidad que he adquirido durante los seis años trascurridos en París, gracias a las Hijas de la Caridad, a las que amo y admiro profundamente”.

UNA PALABRA MÁGICA: RECONFIGURACIÓN 
Y en estas andaba la Asamblea, cuando entró en la sala una palabra o expresión entre mágica y misteriosa. Me refiero a la palabra y al tema de la “reconfiguración”. Lo hizo en forma de “mesa redonda”. Y formaron parte de ella, el Visitador de París, P. Elie Delplace, el Visitador de Toulouse, P. Jean-Ives Leboeuf, el Visitador de USAWestern, P. Henry F. Perry, y el P. José María Nieto.

Los tres Visitadores fueron exponiendo su experiencia de “reconfiguración”, como algo vivido por ellos con intensidad. Pertenecen a unas Provincias que son fruto de la ”reconfiguración”, y nadie mejor que ellos para ilustrar a los asambleístas con los logros y dificultades de ese proceso especial. Todos ellos, sin obviar los problemas, dieron un testimonio positivo. Dejaron claro que, en su balanza, pesaban más los gozos que las sombras, después de un proceso largo de discernimiento, de reflexión y de creatividad.

El P. José María Nieto hizo una amplia y muy bien elaborada reflexión sobre el tema, partiendo de que es la primera vez que se trata este tema en una Asamblea General. Se refirió a la reconfiguración como una transformación profunda, un cambio sistémico que afecta a muchas instancias de la Congregación, un cambio que aterriza en algo nuevo. Recordó algo bastante lógico: que la reconfiguración no es una mera colaboración interprovincial, y que trae gozos, pero también dolores, como todo nacimiento.

Evidentemente, los asambleístas preguntaron, dialogaron y discursearon. Al cronista le dio la impresión de una pequeña babel, donde cada uno entendía la dichosa palabra de diversas maneras, formas y aplicaciones. Tal vez, esté ahí la clave.

OTRA CUESTIÓN DE TÉRMINOS 
Pero no acababa ahí la “cuestión de términos”. Y es que también subieron a la palestra los “sufridos sintetizadores”. Ya he hecho referencia, alguna vez, a esta Comisión de síntesis. Hoy volvieron a presentar su trabajo. Y en la sala volvió a aparecer el axioma latino de “tantas sentencias como cabezas”. Cada asambleísta entiende eso de la “síntesis” según sus entendederas. Los de la Comisión miran a un lado y a otro y no encuentran un mínimo consenso en el significado de este término. Y este cronista tiene la impresión de que la “cuestión de términos” seguirá por los siglos de los siglos.

Mañana es sábado. Y si alguno pensaba que los asambleístas no iban a trabajar durante ese día bíblico, se equivoca. Los asambleístas son trabajadores y estarán en la sala dando ejemplo de laboriosidad.

CELESTINO FERNÁNDEZ