VI ENCUENTRO DE MISIONES
FORTALEZA – BRASIL
PRIMER DÍA 19.09.11
-CRÓNICA-
ORGANIZANDO LA FIESTA

El calor de la ciudad de Fortaleza no se compara al calor humano que hemos sentido todos los que estamos participando del VI Encuentro de Misioneros de América Latina, organizado por la CLAPVI (Conferencia Latinoamericana de Provincias Vicentinas), en esta ciudad. Y no es una exageración. Hay momentos del día en que la temperatura llega hasta 38 grados; y así también, en este primer día del encuentro, ha habido momentos de tan alta temperatura fraternal que ha hecho que los 38 grados parezcan un simple bochorno. De esos momentos les quiero contar. Usted, querido lector, se podrá enterar de los entretelones de este encuentro por este medio. Aunque, desde ya, lamento mucho que lo vayan a hacer bajo la apreciación y la mala pluma de este servidor. Trataré de ser imparcial y contar las cosas tal cual sucedieron, sin subjetivismos. Aunque, temo decir que en medio de sucesos que narraré, siempre se me filtrará algún punto de vista personal. Espero sepan disculpar mi atrevimiento.

El encuentro formalmente comenzó hoy, lunes 19 de septiembre, pero días antes ya hubo otros encuentros más informales. Me refiero aquellos que se produjeron entre los participantes que iban llegando. Los misioneros que llegaron a la ciudad de Fortaleza días antes, pudieron conocerse e intercambiar pareceres antes del inicio real de la reunión. Hasta tuvieron tiempo de ir a la playa. Quizás por eso, en la primera reunión de hoy, donde por fin estuvimos todos los participantes, el ambiente era de verdadera hermandad, como si todos nos conociéramos de siempre. Por eso les decía aquello de los 38 grados convertidos en un simple bochorno por el calor humano que hemos sentido hoy. Esta mañana, cuando nos reunimos en la capilla del colegio San Vicente de Paúl de Fortaleza (donde también funciona la Casa Provincial), todos los participantes nos saludamos como hermanos, como vicentinos, como cristianos.

Este VI encuentro organizado por la CLAPVI, tiene como tema “La esencia misionera de la Congregación de la Misión: experiencias, desafíos y perspectivas de la Iglesia en América Latina”. Esta vez, fuimos 22 los enviados por nuestras respectivas provincias: Colombia (4 participantes), Fortaleza (7 participantes), Río de Janeiro (2 participantes), Curitiba (2 participantes, Perú (2 participantes), América Central (3 participantes: 1 del Salvador y 2 de la misión interprovincial de Honduras), Panamá (1 participante), Venezuela (1 participante).

Como no podía ser de otro modo, la primera actividad de este encuentro fue la verdadera fiesta del encuentro entre los hermanos, la Eucaristía. Esta vez, con un sabor especial, pues celebrábamos además los 24 años de vida sacerdotal del P. Agnaldo Aparecido, de la provincia
de Río de Janeiro. Presidió la primera misa de esta reunión el P. Daniel Arturo Vásquez, presidente de la CLAPVI. Después del desayuno, todos fuimos convocados en la sala de reuniones de esta casa para las primeras indicaciones. Durante toda la mañana estuvimos organizando la fiesta. Se tomaron los primeros acuerdos referidos al orden de los días, a los encargados de presidir la liturgia y los responsables de los diferentes oficios (desde ese momento todos en el encuentro me empezaron a llamar “cronista”). La mañana nos dio tiempo también para hacer un repaso de los cinco anteriores encuentros referidos a tema misionero. Los encargados fueron el P. Jair Vélez (secretario de la CLAPVI) y el P. Daniel Arturo. Fue allí cuando surgió el primer cuestionamiento del encuentro y quizás su posible respuesta. El P. Daniel nos hizo la anotación que en los primeros encuentros hubo un afán por las misiones populares; sin embargo, en los últimos, ese afán se dirigió hacia la formación misionera, descuidando en sí la misión. El P. Daniel se preguntaba en voz alta si ese fenómeno era manifestación de que en las provincias se estaba perdiendo el impulso misionero. Los comentarios de los participantes vislumbraron una posible respuesta: quizás se está tomando conciencia de que el campo no es el único lugar de misión y que muchas veces las ciudades ofrecen una problemática digna de experiencias misioneras que acerquen a la gente a Dios. ¿Será esta idea el cimiento del aporte principal de este VI encuentro? El tiempo lo dirá.

Por la tarde, todos los participantes expusimos la realidad misionera de nuestras respectivas provincias. Allí, nos fuimos enterando de las diversas formas de vivir el carisma vicentino en toda América Latina. Se habló de pastoral rural, pastoral carcelaria, pastoral catequética, pastoral de promoción humana, pastoral social, pastoral educativa, pastoral misionera, etc. Con cada exposición que escuchábamos y con cada nueva manera de hacer misión que nos enterábamos, nuestro orgullo vicentino crecía vanidosamente. Y no estaba fuera de lugar ser vanidoso; recordemos que el mismo San Vicente se enorgullecía por tener el privilegio de hacer, con su congregación y su carisma, lo mismo que el Hijo de Dios vino a hacer a la tierra. Si Dios nos ha llamado a evangelizar a los pobres, y estamos haciendo eso, la vanidad es justificada. Es cierto, nos sentimos orgullosos del trabajo realizado, pero a la vez cuestionados por todo lo que nos falta hacer. Un problema recurrente en todas las exposiciones era el poco número de misioneros para toda la gente que hay que atender. ¿Cómo resolver este problema? ¿Es problema de falta de personal o falta de creatividad? Todos esperamos resolver estas preguntas los días que vienen.

A priori, sabemos que el segundo día de este encuentro se caracterizará por la formación permanente. Mañana, cuando esté sentado nuevamente frente a esta máquina a punto de escribir las crónicas, espero sentir la satisfacción de hoy, y espero contarles nuevamente de ese calor humano que supera los 38 grados y de la fiesta que sigue estando bien organizada.

P. Roberto Romero
Provincia del Perú

VI ENCUENTRO DE MISIONES

FORTALEZA –BRASIL
SEGUNDO DÍA 20.09.11
CRÓNICA
COMENZÓ LA FIESTA

Querido lector, si usted estaba esperando encontrar aquí un relato parecido al del ayer, lleno de circunstancias curiosas, novedades y anécdotas, lamento decepcionarlo. Este segundo día del encuentro no dió material para escribir de esa manera. Más bien, diría que este día fue muy intelectual, muy teológico. Por eso, quizás estas crónicas no deberían llevar este nombre. Yo más bien llamaría a este escrito “reflexión”, porque eso es lo que hemos hecho todo el día.

Como siempre suele hacerse en estas clases de reuniones, toda la actividad del día se inició con la celebración de la Eucaristía, esta vez presidida por los padres asistentes de la Provincia de Río de Janeiro. Obviamente, fue una misa netamente en portugués. Los de habla española, hacíamos lo que podíamos para entenderla. Habría que resaltar la pulcritud de los encargados de la liturgia de este día en el acompañamiento musical. En celebraciones como la de esta mañana, la música jugó un papel importante para hacernos entrar a todos en el misterio eucarístico.

Ya reunidos en la sala de conferencias, se inició con las reflexiones programadas para este día. El encargado de dirigir las ponencias fue el teólogo Paulo Suess, sacerdote diocesano de origen alemán, pero que lleva más de 40 años viviendo en Brasil. Como todo buen conferencista, comenzó conociendo a su auditorio y adecuándose a él: nos preguntó en qué idioma queríamos que hablara, y como nadie se puso de acuerdo, él optó por lo más salomónico: “les hablaré en portoespañol”, dijo. Todas sus conferencias giraron en torno al tema: “La misión de la Iglesia en América Latina”.

Comenzó haciéndonos notar los cambios a nivel religioso que han experimentado nuestros pueblos latinoamericanos en las últimas décadas. Se hablo de que en la actualidad, hay una tendencia a lo puramente festivo, olvidando el significado de la cruz; que hay un afán de los religiosos y sacerdotes por hacer mucho y abarcar más a nivel pastoral, y que precisamente por eso es que se es poco efectivo. Ante esta realidad, nos sugirió el P. Suess, hay que realizar un trabajo misionero que sea señal de otra realidad, de la realidad del Reino. Solo si se es signo del Reino de Dios, nuestro trabajo pastoral podrá llamarse misión o evangelización; de no ser así, estaríamos haciendo pura filantropía.

Después de semejante afirmación, por la cabeza de todos se cruzó la pregunta: ¿cómo entender hoy la misión? La respuesta del padre Suess fue más tajante que la afirmación anterior. Para él, ya no se debe entender la misión solamente como una empresa que busca
salvar almas (como se entendía en siglos pasados), sobre todo después de que el Concilio Vaticano II afirmó que todos los hombres, sean de la Iglesia católica o no, pueden salvarse. Hoy la misión debe entenderse como la predicación y, más aún, la actualización de los dogmas principales de nuestra fe: la filiación divina y la resurrección. Quien predica la filiación divina y es consecuente con ella, debe buscar la igualdad, la fraternidad, la libertad, porque se es consciente de que todos somos hijos de Dios. Por otro lado, la predicación y vivencia de la resurrección debe invitar a todos a buscar la justicia entre los hombres, ya que la resurrección de Jesús fue la mayor manifestación de la justicia de Dios. Vistas las cosas así, la palabra “misión” adquiere nuevos matices. No sólo se debe buscar la igualdad y la justicia entre la gente del campo y entre los no creyentes, sino también entre los hermanos nuestros que viven en situaciones de marginación y pobreza, y a estos últimos también los encontramos en las ciudades.

Ya por la tarde, cuando el sol en Fortaleza declinaba y los 38 grados del día se iban convirtiendo en unos 36, el P. Paulo Suess nos resumió lo que para él consiste la misión de la Iglesia en América Latina: ser por naturaleza misionera, teniendo como centro la Palabra de Dios y la construcción del Reino, yendo siempre de la mano con los laicos y optando preferentemente por la evangelización y liberación de los pobres, en medio de su cultura pero sin pertenecer a ella, siendo imagen de justicia y esperanza para todos, incluso con aquellos que no profesan nuestra misma fe. Después de esta definición, a los oyentes ya no nos quedó ganas de seguir tomando apuntes. Definición más completa no existe. Y precisamente con esta definición, el P. Suess completó su participación en nuestro encuentro.

Por la noche, y saliéndonos del horario establecido, nos volvimos a juntar todos los participantes en la sala de conferencias para continuar con las exposiciones sobre las realidades misioneras de nuestras provincias. Ayer el tiempo nos quedó corto para completar este trabajo, así que hoy dimos por terminado ese asunto. También yo doy por terminadas estas crónicas, referidas al segundo día del encuentro. Soy consciente de que en esta ocasión la reflexión le ganó a las crónicas, pero eso no me preocupa porque la actividad programada para el jueves sí dará mucho material para escribir, ya que mañana nos dedicaremos a recrearnos en la salida que tendremos. Por ahora, que quede claro que ya comenzó la fiesta, y estoy seguro que mañana se acentuará.

P. Roberto Romero, C.M.
Provincia del Perú

ENCUENTRO DE MISIONES
TERCER DÍA 21.09.11
FORTALEZA –BRASIL
-CRÓNICA-
EN PLENA LA FIESTA

Es cierto. Nunca mejor puesto un título para unas crónicas. Y es que hoy, todos los que estamos participando de este encuentro misionero organizado por la CLAPVI, hemos vivido una verdadera fiesta. No es que los dos días primeros no hayan sido festivos. En realidad, las fiestas se preparan con anticipación, y eso han sido precisamente los días previos, una preparación, un “calienta motores”, o mejor dicho para este caso, un “calienta corazones”. Este miércoles 21 de septiembre, quizás, ha sido el día en que más se ha sentido la comunión, la hermandad, la unión como “amigos que se quieren bien”. Hoy ha sido el día en que esta comunidad momentánea que hemos formado los que vinimos a Fortaleza, ha llegado a su punto más alto de compenetración. A partir de hoy, ya no hay participantes miembros de distintos países, hoy se dejó de hablar en dos lenguas distintas, hoy se acabó la desconfianza y el desánimo, hoy dejamos atrás las miradas entre desconocidos. Hoy todos empezamos a ser un solo cuerpo, miembros de una misma familia con un solo apellido: vicentinos. Y todo esto se dio gracias a un gran contexto. Me refiero, ni más ni menos, que a nuestro “paseo comunitario”.

No crean que exagero. Ya desde anoche se notaba el entusiasmo por que llegara el día de hoy. Quizás el día de ayer, tan reflexivo y teológico, sin querer, nos dejó con las ganas de una distracción urgente. Y esa distracción estaba planeada para el día de hoy. Cuando en el primer día el P. Jair nos presentó la planificación de toda la semana, y se nos habló de este paseo, se nos dijo que era necesario dar un espacio para fortalecer el ecosistema de la vida comunitaria y nuestros lazos comunitarios. ¡Y vaya que fue un acierto! Antes de salir, como todas las mañanas, celebramos la misa. Esta vez, los encargados de la animación litúrgica fueron los hermanos de Perú, Venezuela y Panamá. El momento fue propicio para dar gracias a Dios por la vocación sacerdotal del P. Marcelo (de Fortaleza) y el P. Roberto (de Perú), que en esa semana cumplieron 4 meses y un mes de ordenados, respectivamente.

Casi al terminar la misa, salimos rumbo a un centro campestre llamado Ypark, que es una especie de hacienda donde se cultiva la caña de azúcar, y donde se produce la cachaza, licor típico de Brasil, con el que se elabora la famosa caipiriña. El lugar tiene un museo donde se explica cómo es el proceso de elaboración de la cachaza (y de donde cada misionero salió con sus respectivas muestras), y un centro de recreación que atrajo la atención de todos. No vale la pena detallar todo lo que hicimos allí. Las anécdotas y situaciones vividas quedarán en nuestras mentes y en nuestras cámaras fotográficas. Más bien, sí es importante comentar lo bien que nos sentimos compartiendo el uno con el otro. Las mesas donde almorzamos parecían una reunión de la ONU, por la variedad de países representados. Los juegos y lugares de recreación acercaron al del norte con el del sur, al de habla portuguesa con el de habla hispana, al misionero experimentado con el recién ordenado. Lo repito, en este paseo fuimos uno. Al salir de allí ya no éramos muchas provincias reunidas, éramos una Congregación.

Para no perder el toque reflexivo del día, por la noche nos reunimos nuevamente en la sala de conferencias para escuchar una ponencia sobre la historia de la Provincia de Fortaleza. La ponencia estuve a cargo del Sr. Geraldo Frencken, que precisamente hace poco ha publicado un libro sobre ese tema. Del júbilo de la mañana, pasamos a la meditación de la noche, ya que sin querer (o quizás queriendo), esta reunión nocturna nos dio motivos para comentar sobre una realidad de la Congregación de la Misión: las parroquias. No es novedad que las estadísticas actuales nos muestran el creciente número de parroquias en nuestras provincias. ¿Son las parroquias contrarias a la Misión? ¿Tener muchas parroquias va en contra del carisma fundacional de la Congregación? Estas preguntas rondaron la sala, pero sin tener respuestas claras. Quizás el comentario final del expositor se acercó mucho a una respuesta convincente para todos: “el carisma de San Vicente nunca fue la misión ni los seminarios: el carisma de San Vicente fueron los pobres. La misión fue un medio para llegar a los pobres, y los seminarios un medio para fomentar la misión”. Es seguro que este comentario tendrá eco mañana, pues precisamente las ponencias tratarán sobre “La misión de la Congregación en América Latina y el Caribe”.

P. Roberto Romero, C.M.
Provincia del Perú.

 

ENCUENTRO DE MISIONES
FORTALEZA –BRASIL
CUARTO DÍA 22.09.11
-CRÓNICA-
EN PLENA FIESTA, PARTE II

Querido lector: Estamos a sólo un día de concluir este encuentro y a estas alturas ya se siente el camino andado. Ya van quedando ideas y conceptos claros. Ya vamos viendo el camino por donde hay que andar. El día de hoy, el penúltimo de esta aventura, ha sido un día, precisamente, de clarificaciones.

La Eucaristía de la mañana de hoy estuvo presidida por los hermanos que trabajan en la provincia de Centro América, y tuvo una novedad: se introdujo un nuevo idioma al encuentro, el idioma miskito, que es el que se usa en el lugar donde nuestros hermanos trabajan: la Moskitia, en Honduras. Esta celebración fue, por tanto, políglota: el que presidía hablaba en español, las lecturas fueron en portugués y los cantos en miskito. Ni en la ONU encuentra uno tanta variedad.

Las ponencias de este día estuvieron a cargo de un viejo amigo de la CLAPVI, el P. Andrés Motto, de la Provincia de Argentina. El tema de las ponencias del día, como escribí en las crónicas de ayer, era: “La misión de la Congregación de la Misión en América Latina”. Pero, ya que el P. Motto no oculta su pasión por la historia, sus ponencias estuvieron matizadas con un fuerte tinte histórico. Por eso, permítame, paciente lector, que, después de haber escuchado todo lo que se habló hoy, le cambie el título a la ponencia para que usted tenga un mejor panorama. Yo le llamaría: “Historia de la misión de la Congregación de la Misión en América Latina”. No es redundancia; fue lo que se habló durante todo el día. Y hago esta aclaración no como una crítica, sino como otro fanático y convencido de que la esencia de las cosas están en su historia.

Es difícil resumir todo lo que nos expuso el P. Motto. Se habló mucho y de muchas cosas. He tenido que preguntar a tres hermanos para poder escribir algo coherente aquí. Se empezó hablando de San Vicente y de lo que él entendía por “misión”. La conclusión a la que llegamos es que para nuestro querido fundador, misión es, básicamente, estar con el pobre. Si usted es un asiduo lector de estas crónicas, se dará cuenta que algo de esto apareció también la noche de ayer en la presentación del Sr. Geraldo Frencken. Para San Vicente, dijo el P. Motto, la misión consiste en continuar la misión de Jesucristo, que vino a este mundo para estar con el pobre. Es con esta visión que nació la Congregación de la Misión: para hacer con el pobre lo mismo que hizo Jesús, evangelizarlo de manera afectiva y efectiva.

Luego, el P. Motto nos habló de la misión vicentina en América Latina, siempre de la mano con la historia. En esta ponencia aparecieron los nombres de los padres Maloney y Gay, quienes han dado a sus generalatos grandes impulsos misioneros en Latinoamérica. Y como no podía ser de otra manera, al momento de hablar del trabajo misionero vicentino en nuestro continente, no se podía obviar el gran aporte de la CLAPVI. El P. Motto afirmó que el gran aporte de esta conferencia para el continente, ha sido la encarnación en estas tierras de la doctrina vicentina, un profundo discernimiento y aplicación de los documentos del magisterio y un aporte a la teología latinoamericana. Para terminar, se nos expuso la vocación misionera en el documento de Aparecida, y aquí volvió aparecer otro tema que ya se había hecho notar en ponencias anteriores. Dijo el P. Motto que, según las estadísticas del documento del CELAM, el 80% de la población latina vive en las ciudades, es por eso que hay en él una llamada a pensar en las misiones urbanas, ya que, según Aparecida, hacer misión es entrar en el mundo de los pobres, estén en el campo o en la ciudad.

Con un ojo clínico, usted, asiduo lector, se habrá dado cuenta que hay dos o tres temas que han sido recurrentes en casi todas las ponencias. Pues, déjeme decirle que en las conversaciones entre pasillos y en sobremesas, lo han sido también. Esta tarde se conformó la comisión para elaborar las conclusiones y propuestas que ha de salir de este encuentro. Los encargados son el P. Agnaldo Aparecido (de Fortaleza), el P. Aníbal Vera (de Perú) y el P. Luis Alfonso Betancourt (de Colombia). Al parecer, lo que aparecerá en este documento no será sorpresa.

P. Roberto Romero, C.M.
Provincia del Perú.


ENCUENTRO DE MISIONES
FORTALEZA –BRASIL
QUINTO DÍA 23.09.11
-CRÓNICA-
PROLONGANDO LA FIESTA

Amaneció el día viernes 23 de septiembre, día en que comienza la primavera en esta parte del mundo, pero para nosotros, este no era un día de comienzos, tampoco de finales, sino de prolongaciones. Así es, de prolongaciones, porque la fiesta que hemos vivido estos cinco días en Fortaleza, no acaba hoy, más bien continúa en cada una de nuestras provincias, en cada uno de nuestros lugares de apostolado. La fiesta que comenzó en Fortaleza se prolongará a toda Latinoamérica y el Caribe… por lo menos eso esperamos.

Como hoy era el día de clausura del Encuentro Misionero de América Latina, se hicieron algunos cambios al horario de los días anteriores. Para empezar, la misa la trasladamos a la tarde, y a esa hora nos unimos a toda la Iglesia en la oración de los laudes. Igual, por la mañana nos reunimos en la sala de conferencias para escuchar la última de las ponencias. Esta vez, le tocó el turno al P. Alexander Fonseca, perteneciente a la provincia anfitriona. Antes de comentar lo que se dijo, quiero aplaudir con palabras la exposición del P. Alexander. Fue una ponencia muy encarnada, muy amena, muy clara (a pesar del portuñol que usó), y sobre todo, basada en experiencias, no en libros. Lo que el P. Alexander nos transmitió hoy fue su experiencia de viejo misionero, su testimonio de vida vicentina. ¿De qué nos habló? De la “Misión y carisma vicentino en nuestra formación, en nuestra vida y obra”. Según la experiencia del P. Alex, la misión no es otra cosa que seguir el itinerario expresado en Ex 3,7-10. Según nos dijo, la misión debe tener los mismos pasos que siguió Dios en esta cita: Ver la miseria del pueblo (para lo que es necesario acercarse al pueblo), oír el clamor del pueblo (que implica callarse, modificar conductas, convertirse), conocer al pueblo (que exige una cercanía), liberar al pueblo y enviar mensajeros o continuadores de la misión. La ponencia culminó con una invitación a recrear nuestra misión, nuestras obras, nuestras provincias. Recrear, que significa volver a hacer, reconfigurar. Esta última palabra que suele hacer temblar a muchos. Nos decía el expositor: “Si América Latina ha cambiado, el carisma vicentino debe adaptarse a esos cambios, y para eso hace falta una reconfiguración”.

En la tarde no hubo ponencias; tampoco hubo que acortar la siesta, porque la cita en el salón de reuniones fue más tarde que de costumbre. Esta vez, era para hacer la evaluación del encuentro y elaborar las conclusiones. Por si usted, estimado lector, está cumpliendo ahora mismo el servicio de Superior Provincia en alguna parte de Latinoamérica, se lo adelanto para que no le sorprenda: el documento conclusivo de este encuentro vuelve a mencionar esa palabra que a muchos les asusta: la reconfiguración de las provincias. Según lo que hemos hablado durante todos estos días aquí, es necesaria esa “recreación” de estructuras si
queremos ser más efectivos en nuestras misiones. Somos conscientes de que el documento que les llegará en la próxima asamblea de la CLAPVI solo tiene carácter de sugerencia. Aún así, es fruto de una semana de reflexión. Si no se toma en cuenta, no sé para qué sirven este tipo de reuniones. Desde Fortaleza, y junto con todos los cohermanos que hemos pasado una semana en medio de 38°C de temperatura y horas sentados, les pido, le ruego, les animo, les insisto, les grito: “atrévanse a soñar, sean valientes”.

La misa de clausura del encuentro estuvo presidida por los anfitriones. En la homilía, el P. Evaldo Carvalho, Visitador, nos invitó también a soñar y a ser agradecidos con Dios por este privilegio que tenemos de ser sus misioneros. Y con el abrazo de la paz concluyó formalmente este VI Encuentro de Misioneros Latinoamericanos organizado por la CLAPVI. Por la noche, los hermanos de Fortaleza nos prepararon una celebración con bailes típicos y una exquisita cena. Y allí estuvimos todos, muy distintos a cómo llegamos. Ahora recuerdo las caras del primer día, llenas de timidez y desconfianza, cuando casi nadie hablaba, las conversaciones eran muy formales y había grupos según los idiomas. Ahora estuvimos todos juntos, con sonrisas, bromas, fotos, abrazos. El tiempo pasó rápido, pero no lo suficiente como para no permitirnos hermanarnos. Y el tiempo también pasó para mí. Ya es tarde y el día viernes, el último de este encuentro, casi termina. Es hora, entonces, de concluir con estas crónicas.

Disculpe usted, comprensivo lector, mi estilo, mi redacción y mi manera de ver las cosas. Le advertí desde el inició: es difícil escribir de manera objetiva, sobre todo si debo hacerlo de cosas en las que estoy involucrado. Solo les he trasmitido las cosas como las he visto, vivido y sentido. Total, como dice García Márquez: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”. Con sus disculpas, me despido.

P. Roberto Romero, C.M.
Provincia del Perú