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Curso de Formaçao para Formadores - Bogotá, 1-13 de fevereiro de 2010 - Crônica 4
   
 
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Conferência Latino Americana de Províncias Vicentinas

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CRÔNICA 4

 

 

ENCUENTRO DE FORMACIÓN DE FORMADORES
lla Paúl, Funza – Colombia

Día 4°: Jueves 4  de febrero:  

Nuestro encuentro sigue avanzando, este cuarto día, con la eucaristía de la mañana presidida en esta ocasión, por el P. Jesús Amable Bravo, de la Provincia de Venezuela.

Luego del desayuno iniciamos el cuarto día de trabajo con la primera ponencia de la mañana. El ponente: P. Mauro Serrano Díaz; la ponencia: La Liturgia de las Horas en la Formación Sacerdotal.

El Padre Mauro antes de iniciar su ponencia, hizo una remembranza de los Padres Álvaro Juan Quevedo y César Flaminio Rosas, a quienes recuerda con mucho aprecio y admiración. Inmediatamente después nos introdujo en su ponencia, explicándonos sobre la importancia de la Liturgia de las Horas en la formación sacerdotal:

  • Constitución Sacrosanctum Concilium: “la Liturgia de las Horas es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia, y al mismo tiempo la fuente de donde emana toda su fuerza”.

  • Optatam totius: “Enséñeseles a buscar a Cristo en la meditación fiel de la Palabra de Dios, en la íntima comunicación con los sacrosantos ministerios de la Iglesia, sobre todo en la Eucaristía y en el Oficio”.

  • Directorio para el ministerio y vida de los presbíteros: “Nacidos como fruto de esta oración, los presbíteros mantendrán vivo su ministerio con una vida espiritual a la que darán primacía absoluta, evitando descuidarla a causa de las diversas actividades…”

  • Constitución Apostólica Laudis canticum: El Papa Pablo VI proclama la nueva Liturgia de las Horas en la Pascua de 1971. “Como se pide en la constitución Sacrosanctum Concilium, se han tenido en cuenta las condiciones en las que actualmente se encuentran los sacerdotes comprometidos en el apostolado…”

  • Ley Canónica: “Se invita encarecidamente también a los demás fieles a que, según las circunstancias, participen en la Liturgia de las Horas, puesto que es acción de la Iglesia”.

El Padre Mauro continúa hablándonos sobre 12 elementos, o soportes indispensables, en el proceso de formación del presbítero en la Liturgia de las Horas:

1. Educación en la oración personal: Como la oración es la respiración de la fe, se presupone la actitud de fe cristiana.

2. Conciencia de la presencia de Cristo: “Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica…”

3. Conciencia de la acción del Espíritu Santo: “Gracias al Espíritu los Salmos no son letra muerta, sino vivificada por el Espíritu (Cf. 2Co 3,6)… Si permanecemos bajo la acción del Espíritu, creceremos también en capacidad de escucha.

4. Conciencia de ser el Pueblo de Dios: “Quien recita los Salmos de la Liturgia de las Horas, no lo hace tanto en nombre propio como en nombre de todo el Cuerpo de Cristo, e incluso en nombre de la Persona del mismo Cristo”

5. Sintonía entre el corazón y las palabras: “Para que se adueñe de esta oración cada uno de los que en ella participan, para que sea manantial de piedad y de múltiples gracias divinas, y nutra, al mismo tiempo la oración personal y la acción apostólica, conviene que la celebración sea digna, atenta y devota, de forma que la mente concuerde con la voz”

6. Conciencia sacrificial: “El Sumo Sacerdote de la nueva y eterna Alianza, Cristo Jesús, al tomar la naturaleza humana, introdujo en este exilio terrestre aquel himno que se canta perpetuamente en las moradas celestiales…”

7. Conciencia ministerial: “Esta oración debe ser vivida como un ministerio-servicio que nos es dado como carisma por el Espíritu Santo”

8. Conciencia del valor propio de la oración oficial de la Iglesia: “Los fieles que celebran la Liturgia de las Horas se unen a Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, por la oración de los Salmos, la meditación de la Palabra de Dios, de los cánticos y de las bendiciones, a fin de ser asociados a su oración incesante y universal que da gloria al Padre e implora el don del Espíritu Santo sobre el mundo entero”.

9. Conciencia de la dimensión comunitaria de la oración: “El ideal de la oración litúrgica es que sea celebrada por la comunidad cristiana presidida por su pastor…”

10. Conocimiento de los Salmos, su género literario, su estructura y su lenguaje propio: “Es necesario, ante todo, que adquieran una instrucción bíblica más rica, especialmente acerca de los Salmos”.

11. Sentido del ritmo del tiempo: Cuando oramos en una u otra hora de la jornada, hacemos de ella una hora santa, porque la ponemos en la presencia de Dios. Hacemos de este nuestro tiempo humano, un instante de eternidad en contacto con Dios.

12. Entrenamiento en la lectura rítmica y luego en la cantilación.

Para concluir su intervención, el Padre Mauro nos dejó la siguiente consideración:

“Los pastores han de ser maestros de oración. La educación en la oración personal es un deber pastoral ineludible, pero la educación en la oración comunitaria, e incluso en la litúrgica, también lo es. Si en la comunidad cristiana el presbítero hace las veces de Cristo cabeza, a él le corresponde, como a Cristo, “enseñar a orar” a los discípulos.

Concluida la ponencia del P. Mauro, pasamos al primer receso de la mañana, para luego reunirnos a tomarnos la foto oficial del encuentro.

A nuestro regreso se inició la segunda ponencia del día. El Ponente: Monseñor Jorge García Isaza, C.M., Vicario Emérito de Tierradentro y formador en el Seminario Interno de Santa Rosa de Cabal.  La ponencia: Los Consejos Evangélicos como fuente de vida espiritual.

Monseñor Jorge comenzó manifestando que como la ponencia iba dirigida a un grupo de miembros de la familia vicentina, su familia en América Latina, empeñados en el cumplimiento de una de las tareas  que San Vicente trazó a la Congregación, puede expresar con algo de libertad lo que piensa en relación con este tema y quizás más que doctrinas leídas y recopiladas de diversos autores sea la vivencia de una pastoral vivida en los amplios y diferentes campos de apostolado en los que la  Comunidad y la Iglesia lo han colocado.

Ante los tremendos retos que se le presentan hoy a los formadores de la Congregación, Monseñor nos dice parodiando al Santo Padre Juan Pablo II: “no tengan miedo”, estén abiertos al Espíritu Santo porque Él que es quien les envía a los llamados, también Él les dará las luces para formarlos.
 
Monseñor continúa precisando ¿Qué es propiamente lo que la teología ascética y mística se ha dado en llamar: “consejos evangélicos”?: Son aquellas opciones fundamentales que Jesús propone a quienes quieran ser sus discípulos, para que sean norma de la nueva vida que debe iniciar quien asume su Evangelio. A la postre se concretan en la castidad, la obediencia y la pobreza como la contraposición del  “placer, el poder y el tener”.

Ahora bien, los consejos evangélicos son una síntesis de la doctrina de Jesús, y por lo tanto son objeto claro y fuente indiscutible de perfección. Pero aquí hay otra cosa que tendríamos que reflexionar y es la relación no solo histórica sino vital, de la vida consagrada y los consejos evangélicos.

El voto de los Consejos Evangélicos tiene su razón de ser en la misión, me consagro para ser signo, me consagro para anunciar, me consagro con un sentido de plenitud de dedicación.  Y esto es lo que debemos pensar: Desde el momento de mi consagración por los votos de los Consejos Evangélicos,  prácticamente todo en mí se vuelve profético.

La manera como las primeras comunidades entendían la castidad, la pobreza y la obediencia inclusive la forma como San Vicente en la Iglesia del siglo XVII las entendía, tenían una dimensión que respondía a su tiempo y a la gente de su época. Hoy tenemos que entender estos consejos evangélicos dentro de las exigencias y realidades de la actualidad, y por eso es el tremendo reto que el Espíritu Santo les hace a los formadores de hoy.

La consagración que se hace por los votos de los Consejos Evangélicos, expresa Monseñor, no es otra cosa que el compromiso consciente, libre y radical de vivir el mandamiento del amor en el cumplimiento de unas normas que regulan mis relaciones con Dios y con los demás, y mis relaciones con los bienes materiales.

Otro punto que precisó Monseñor Jorge es el “Carisma  Fundacional”. Definir el carisma de una congregación  no es fácil, muchas veces se confundió con el qué hacer, con la actividad apostólica. San Vicente nos marcó unas pautas en las famosas cinco virtudes de la humildad, sencillez, mansedumbre, mortificación y celo, que deben caracterizar tanto el ser como el hacer del misionero y nos pidió ser “santos y sabios”.

Precisados, de alguna manera, estos puntos, Monseñor se dedicó a mirar cada uno de estos “Consejos” como fuente de vida y como camino de perfección:

La “Castidad”: como consejo evangélico es para todo cristiano, pero asumido en la consagración me compromete a vivir radicalmente el amor a Dios con un sentido esponsal, que me exige una profunda fidelidad. Y el amor célibe y casto conmigo y con el prójimo me pide una relación de entrega fraterna de servicio incondicional.

La “Pobreza”: tanto este consejo como el de la obediencia tienen su razón de ser en el amor del discípulo que trata de identificarse con el Maestro de cuya personalidad está subyugado; además hay una tremenda relación entre ambos consejos. Si nos preguntamos ¿quién es el pobre?, llegamos a concluir que es aquel que para satisfacer sus necesidades básicas depende de otros.

El pobre que depende, sirve. Traducir la pobreza en la servicialidad incondicional, aprender y crecer como “servidor” es un camino en pendiente que cuesta recorrer. Se necesita crecer en la virtud para despojarse del yo y servir al otro.

La “Obediencia”: hoy el concepto de la autoridad y la obediencia están iluminados con la clara visión del Evangelio, como dos vertientes de un único servicio que trata de buscar y realizar el designio de Dios, es decir su voluntad. Éste, como los anteriores, como consejo está dirigido a todos los cristianos y como opción de consagración me compromete a cumplir el servicio de autoridad o de obediencia con entrega radical.

Ya para finalizar, Monseñor Jorge nos dejó el siguiente interrogante para tenerlo en cuenta dentro de los proyectos comunitarios de nuestras casas de formación:

¿Somos un “grupo de trabajo” o “Una comunidad apostólica? - Compartimos, la mesa, el recreo, el rezo, etc., pero ¿Compartimos la experiencia de Dios?

Luego de esta interesantísima reflexión pasamos al almuerzo y a las actividades recreativas propias del medio día.

Llegada la tarde, nos dispusimos a reunirnos nuevamente con nuestros grupos de trabajo para socializar las dos ponencias de la mañana y estudiar un documento del último Sínodo de los Obispos titulado: “La Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia”.

Al finalizar la tarde, y dentro de los ya acostumbrados “jueves vocacionales” del Seminario Villa Paúl, se realizó una hora Santa con exposición del Santísimo. Después de la cena nos dispusimos al merecido descanso, finalizando así esta 4° jornada de trabajo.

 

Siga las ponencias de nuestro encuentro de manera “on-line” a través de la página
web de la Provincia de Colombia en  www.co-vicentinos.org

 

 

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