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Curso de Formaçao para Formadores - Bogotá, 1-13 de fevereiro de 2010 - Crônica 1
   
 
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Conferência Latino Americana de Províncias Vicentinas

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CRÔNICA 1

 

 

ENCUENTRO DE FORMACIÓN DE FORMADORES
Villa Paúl, Funza – Colombia

 

Día 1°: Lunes 1 de febrero:  

El Encuentro de Formación inicia con la Eucaristía presidida por el P. Daniel Arturo Vásquez, C.M., a las 7:00 a.m. en la capilla del Seminario Mayor Villa Paúl.

Luego del desayuno se realizó la inscripción y entrega del material a cada uno de los participantes. Inmediatamente después, y luego de una presentación rápida por parte de cada participante, el P. José Antonio González, C.M., rector del seminario mayor, nos dio una cordial bienvenida, manifestándonos el privilegio que sentía de poder recibir a los representantes de cada provincia en esta casa donde se forman los teólogos de la provincia de Colombia.

El P. Daniel Arturo Vásquez, Visitador de Colombia y presidente de CLAPVI, tomó la palabra para saludar a todos los participantes, en especial al P. Agnaldo Aparecido De Paula, visitador de Río de Janerio, quien aprovechando su paso por Bogotá para asistir al encuentro de MISEVI, decidió acompañarnos por un periodo de tres días.

Acto seguido, el mismo P. Daniel Vásquez, introdujo el encuentro con una nutrida reflexión sobre la espiritualidad vicentina y la importancia de la formación dentro del carisma vicentino. Basó su intervención en dos aspectos:

1 . La importancia de valorar y rescatar la figura de San Vicente de Paúl como formador.
Manifiesta como desafortunadamente en la Iglesia se observa una triste realidad, y es que hay Presbíteros improvisados, no formados, que no han sido fruto de una formación adecuada, sino que están interesados en tener un puesto o simplemente una fuente de ingresos.

El P. Daniel nos recordaba como San Vicente de Paúl fue un formador desde sus inicios. Tan pronto salió de su pueblo natal le piden que sea profesor; luego crea un colegio y forma a los hijos de los señores de Gondí.
 
Un año antes de morir descubre que la misión de formar al clero exige que los suyos se formen muy bien y establece un programa de formación de formadores en San Lázaro en el año de 1659.  

El P. Daniel insiste en la preparación necesaria que se requiere para ser formador. Rescata que la dimensión de una formación seria ha acompañado a la CM desde su mismo fundador. Nos recuerda que somos misioneros y formadores de fe. Que la formación brota de la misma esencia del carisma vicentino.

2. Carisma Vicentino y formación.
El P. Daniel continúa recordándonos como nuestro santo fundador se encontraba en un momento coyuntural en el que la Iglesia tenía en sus manos la misión formadora del Concilio de Trento (1550 1650). En esta época es el momento en el que el Concilio de Trento fue puesto en práctica por toda la Iglesia. Y es San Vicente de Paúl quien, de alguna manera, lidera esa necesidad en la Iglesia.

“De manera un poco similar nosotros en América Latina, estamos en la misma situación actualmente: sintiendo la necesidad de implementar lo que la Conferencia de Aparecida nos ha dicho. Dado que hay pastores que están teniendo una pastoral de mantenimiento, reducida al sacramentalismo; una pastoral como de adormilamiento. Se requiere que haya una conversión pastoral, pero para esto se requiere una conversión personal de los responsables de esta pastoral”.

Finalmente el P. Daniel nos invita a tener en cuenta lo que nos dice el Santo Padre Benedictus XVI : Buscar el verdadero sentido de la caridad y de la esperanza; la importancia de ser responsables de un humanismo integral, de la formación, del estudio. “La globalización puede acercar a los hombres, pero no los hace hermanos; nuestra misión es hacer hermanos a los pueblos. Hay que aprovechar estos momentos para sentirnos con la responsabilidad de ser luz, de ser pastores para que nuestros pobres tengan vida y tengan vida en abundancia”. Concluía el P. Daniel.

Finalizada la intervención del P. Daniel, toma nuevamente la palabra el P. José Antonio González para explicarnos el material que nos fue entregado. Se trata de los objetivos, criterios y justificación del encuentro. Explica un poco la metodología que se va a usar durante el encuentro: VER, JUZGAR y ACTUAR. Nos da las indicaciones prácticas para que nuestra estadía en el seminario sea de nuestro mayor agrado.

Luego de un corto receso de 10 minutos iniciamos con la primera ponencia del día. El ponente: P. Humberto Aristizábal Sánchez, C.M., licenciado en Sagrada Escritura, profesor universitario y formador del teologado en Villa Paúl. La ponencia: Experiencia de Dios en la Biblia.  

El P. Humberto inicia su ponencia introduciéndonos en el capítulo 15 del Evangelio de San Juan. Dividió su ponencia en la experiencia del Antiguo y del Nuevo Testamento: 

La experiencia del Antiguo Testamento la mostró siguiendo la antigüedad de los textos pero dejando un poco de lado lo que se convirtió en un dogma, es decir, “…eso que el espíritu progresaba de menos a más”.

Nos mostró como la experiencia de Dios va más allá de los contenidos, se trata de una relación de amistad, de creerle a Dios. La experiencia de la compleja realidad de Dios no es un saber previo de Dios sino un encuentro con Dios. Esta relación determina todas las demás relaciones; se convierte en el criterio para las relaciones del resto del mundo. Es así como la revelación bíblica se convierte en una participación de un mismo destino común de Dios y de los hombres.

En resumen:

  1. La iniciativa es de Dios.
  2. Fidelidad a la historia.
  3. La Memoria (la liturgia).
  4. Proyección hacia el futuro.
  5. Fidelidad a los orígenes y apertura a lo nuevo.
  6. Asimilación y diálogo.

La Experiencia de Dios en el Nuevo Testamento la presentó basado en el Padre Nuestro. En el Nuevo Testamento se evidencia que la existencia de Dios es un dato de hecho, existe y basta. Dios en el Antiguo Testamento es alguien que se descubre, que se experimenta en el proceso de la historia. En el Nuevo Testamento el encuentro con Dios se realiza dentro de las coordenadas de la historia humana. La experiencia de Dios es realista, humana y comunitaria.  
En resumen:

  1. Contexto del Padre Nuestro: Mt 6, 9-13.
  2. Valor del sermón de la montaña.
  3. Compendio de todo el evangelio. (Tertuliano).
  4. Puesto de excelencia absoluta de Dios,
  5. Una invocación y siete peticiones: Dios – Comunidad.
  6. Final de la oración: no gracias, sino grito de auxilio.
  7. Paradoja de la invocación inicial.
  8. Padre.
  9. Nuestro.
  10. Que estás en los cielos.
  11. Peticiones que se refieren a Dios: existe un elemento en común y es el TU. Califica de qué nombre, de qué reino y de qué voluntad se trata. Recuerda que la experiencia de Dios es una experiencia dialogal.
  12. Oraciones que tienen que ver con la comunidad (primera persona plural).

Terminada la ponencia del P. Humberto nos trasladamos a la capilla para realizar un corto acto mariano que consistió en la lectura de un texto mariano y en el rezo del ángelus para pasar luego al almuerzo.
Luego de disfrutar del almuerzo, algunos padres se dedicaron a realizar actividades deportivas mientras que otros disfrutaron de un merecido descanso de medio día. 

Llegada la tarde nos dispusimos para la segunda ponencia del día. Ponente: Rev. Fray Héctor Eduardo Lugo, O.F.M., Director del Departamento de educación, cultura y universidades de la Conferencia Episcopal de Colombia; Doctor en Teología de la Universidad Católica de París, Magister en Teología con estudios superiores en Ciencias religiosas de la Sorbona en París y profesor en varias universidades de Bogotá. La ponencia: Formadores Y Formandos Vicentinos: En Búsqueda de Nuevos Caminos Formativos en este Cambio de Época. 

El Padre Héctor Eduardo presentó su ponencia utilizando la metodología: “Memoria – Conciencia – Proyecto” centrándonos en la persona de Jesús de Nazareth como: Camino (Memoria) Verdad (Conciencia) y Vida (Proyecto).

1.MEMORIA: Tendencias y tensiones. La persona como centro de los procesos formativos.

En esta “memoria”, nos cruzamos, entre otros aspectos, con el Concilio Vaticano II que propuso afrontar los desafíos de los signos de los tiempos y se acercó al hombre y a la mujer en sus gozos y esperanzas, en sus tristezas y en sus dramas cotidianos.

En esta “memoria” nació una gran sensibilidad ante valores como la libertad y la autonomía personal; la nueva forma de ser y de vivir la responsabilidad y la creatividad; los nuevos procesos en la comprensión del diálogo y de la autoridad, nuevas mentalidades en lo referente al uso de lo material, nuevas actitudes y opciones ante la afectividad, la corporeidad y la sexualidad.

2. CONCIENCIA: Retos y desafíos.

A partir más o menos de los años 80’s, se procura hacer una evaluación de los procesos de renovación y actualización tanto de la vida consagrada como de la vida de los presbíteros, pero se vislumbran nuevos problemas y poco a poco se toma conciencia de ellos.
Los laicos proponen nuevos desafíos desde su vocación y desde su misión en la Iglesia e incluso a ellos se les invita a compartir nuestros carismas de forma más profunda, participando de manera más intensa en su espiritualidad y en su misión.
Y es cuando se toma conciencia sobre el propio carisma y del patrimonio espiritual que se configuran con un estilo de vida y misión; se toma conciencia sobre la reorganización en los distintos niveles de la comunidad.
Nos dimos cuenta que el problema no eran las estructuras, sino que había que prestar atención a las personas, es decir, a los hermanos tanto formadores como formandos,
A partir de la crisis actual de las culturas surgen nuevos valores, nuevos sueños y nuevos comportamientos, asumidos por un número cada vez más creciente de jóvenes.
El Padre Lugo nos invita a salir al encuentro de las nuevas generaciones, salir en todas las direcciones, como nos lo dicen los Obispos reunidos en Aparecida (Brasil). Considera que los verbos más urgentes para un trabajo formativo hoy serían: “LEVANTARSE” Y “ANDAR”.

3. PROYECTO: Nuevas perspectivas.

El P. Lugo expresa las oportunidades que se nos presentan para aprender a abrirnos al hombre actual y los riesgos que corremos de vivir y perder nuestra propia identidad razón por la cual debemos abrir espacios a la multitud de diferencias étnicas, culturales, sociales y políticas.

Cada vez que los formadores y los formandos nos plegamos sobre nosotros mismos, nos enfermamos y enfermamos la Iglesia, ya que todo repliegue nos hace irrelevantes y en ocasiones insignificantes.

A manera de conclusión nos dijo que vivimos una nueva hora sustentándola en la esperanza, pues si no le apostamos al futuro, esta hora de esperanza se quedará en el tiempo del desencanto y seguiremos prisioneros entre los temores que nos paralizan. Dios nos está invitando a levantarnos y andar.

Al finalizar la tarde nos reunimos por grupos para socializar y reflexionar un poco sobre las dos ponencias del día. Llegada la noche y luego de las vísperas, cenamos para posteriormente irnos a descansar, esperando el día de mañana.

 

 

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